De la tierra de los viñedos: Cillar de SilosLas bodegas pertenecen a la denominación de origen Ribera del Duero
El trazado fluvial del Duero ha fecundado siglo tras siglo estas tierras frondosas de vides, que producen vinos nobles y rotundos, elegantes y complejos.
En Quintana de Pidio y Gumiel de Mercado -Burgos (España)- se levantan los viñedos de Cillar de Silos, 53 hectáreas de variedad tinta del país -tempranillo- situadas en laderas y arropadas por bosques. La adecuada densidad de plantación -2800 cepas por hectáreas- y las labores culturales de poda en verde y aclareo de racimo hacen que la producción no exceda de 3.500 kilogramos por hectárea, logrando así las condiciones óptimas para la elaboración y posterior crianza de sus vinos, concretamente el Cillar de Silos JV., Cillar de Silos y Torresilo. Este último, elaborado a partir de los viñedos más antiguos y de producción más baja, sólo se comercializa cuando las añadas reúnen todos los parámetros de calidad requeridos. Un rito de antañoEl fruto de la Ribera del Duero, es recogido del mismo modo que se vendimia hace siglos, de forma manual, trasportándolo hasta las bodegas en cajas, evitando así el aplastamiento y rotura de la baya. En los viñedos de Cillar de Silos se conjuga la experiencia de los años con los criterios técnicos más modernos para establecer la fecha óptima de recolección. Se utilizan sistemas de vinificación basados en la experiencia que procede de la tradición de la denominación de origen Ribera del Duero, el propio trabajo del grupo bodeguero y la técnica. Octubre es, por lo benigno del clima y la buena maduración de la uva, el más propicio para estas tareas. Los vinos de la bodega provienen de uvas con el adecuado índice de madurez, buena relación grado-acidez y óptima intensidad de color. Buscando siempre la mayor calidad en sus vinos, los racimos pasan distintos procesos, mesa de selección, encubado, maceración en frío y, dependiendo de la añada, se fermenta en depósito de acero inoxidable o toneles de roble con intensos remontados. Durante la crianza en barrica se busca que la madera aporte a los vinos el necesario complemento para que, con el paso del tiempo, adquieran la complejidad y la firmeza que los dotan de personalidad propia. Se evitan así los excesos de madera para mantener el carácter frutal. La calidad del vino depende de forma notable de la buena evolución en la botella. En Cillar de Silos se utilizan además corchos naturales de flor y las botellas duermen en los antiguos calados subterráneos, donde las condiciones naturales de humedad y temperatura -entre 11,5 y 12 grados centígrados- son constantes durante todo el año y las idóneas para que los vinos alcancen con el transcurrir del tiempo la calidad deseada.
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